miércoles, 17 de junio, 2026

De Esperanza a Cavour: la experiencia que revolucionó un sistema lechero en Las Colonias

Alfredo Trionfini, productor de Esperanza y referente de la lechería santafesina, logró duplicar su rodeo en apenas cinco años gracias a la incorporación de la raza Girolando. La apuesta por el cruzamiento genético mejoró la fertilidad, redujo la mortandad, elevó la calidad de la leche y abrió nuevas oportunidades de negocio vinculadas a la producción de carne y la comercialización de semen.

En un contexto donde la eficiencia productiva se ha convertido en una condición indispensable para la sustentabilidad de los tambos argentinos, el productor santafesino Alfredo Trionfini encontró en la genética una herramienta clave para potenciar su sistema y alcanzar resultados que pocos años atrás parecían difíciles de imaginar.

Radicado en la zona de Esperanza y con establecimientos distribuidos también en Felicia y Colonia Cavour, Trionfini logró pasar de un rodeo de 700 animales a más de 1.300 en apenas cinco años. El crecimiento estuvo acompañado por mejoras en los índices reproductivos, una reducción significativa de la mortandad y una mayor calidad de la leche producida.

La clave de este proceso fue la incorporación de la raza brasileña Girolando, resultado del cruzamiento entre Holstein y Gyr, una combinación que reúne capacidad lechera, rusticidad y adaptación a condiciones climáticas adversas.

Una búsqueda para resolver los problemas del sistema tradicional

Contador público de profesión y productor agropecuario desde finales de la década de 1990, Trionfini venía trabajando con rodeos Holstein y posteriormente con cruzamientos Jersey que dieron origen al denominado biotipo Kiwi.

Sin embargo, con el paso de los años comenzaron a aparecer limitaciones que afectaban la rentabilidad del sistema.

Las bajas tasas de supervivencia de los terneros, dificultades reproductivas, menor producción de leche en determinadas épocas del año y problemas de adaptación climática obligaron a buscar alternativas.

La oportunidad surgió en 2015, cuando visitó establecimientos lecheros en la ciudad brasileña de Uberlandia y tomó contacto con la experiencia de productores que trabajaban con Girolando.

“Vimos que era una raza que reunía características muy interesantes para sistemas pastoriles como los nuestros. Decidimos probar y los resultados aparecieron rápidamente”, recuerda.

La apuesta fue tan temprana que se convirtió en uno de los primeros productores argentinos en importar semen de esta genética, cuando aún era prácticamente desconocida en el país.

Los resultados del Girolando: más animales, más preñez y mayor productividad

Tras independizarse comercialmente en 2019 y quedarse con un rodeo de 700 animales, Trionfini profundizó la estrategia genética mediante un esquema de cruzamiento denominado Criss Cross, que busca mantener el vigor híbrido alternando distintas razas.

Los resultados fueron contundentes.

En apenas cinco años el rodeo superó las 1.300 cabezas y los índices reproductivos mostraron una mejora sustancial.

Mientras anteriormente la tasa de preñez rondaba el 70%, actualmente alcanza el 80%.

A esto se suma una notable reducción de problemas sanitarios y reproductivos, así como una mayor longevidad de las vacas.

“Tenemos animales que continúan produciendo durante muchas más lactancias. Una de las primeras vacas incorporadas en 2016 está próxima a tener su décima cría, algo que habla de la durabilidad que tienen estos ejemplares”, señala.

Otro aspecto destacado es la resistencia al estrés térmico.

Las características heredadas de la raza Gyr permiten soportar temperaturas elevadas sin que los animales reduzcan significativamente su consumo de alimento o su producción.

“Las vemos pastorear con más de 40 grados sin inconvenientes, algo que sería muy difícil para otros biotipos”, explica.

La facilidad de parto también representa una ventaja importante. Según el productor, la mortandad perinatal se ubica actualmente por debajo del 5%, mientras que los partos complejos disminuyeron notablemente.

Más sólidos en la leche y una nueva unidad de negocios

La mejora no sólo se reflejó en la cantidad de animales, sino también en la calidad del producto obtenido.

Actualmente el establecimiento registra niveles de sólidos útiles cercanos al 9%, compuestos por aproximadamente un 5% de grasa y un 4% de proteína.

Se trata de valores muy superiores al promedio nacional y altamente valorados por la industria láctea.

“La industria trabaja con sólidos. Cuanto más sólidos tiene la leche, mayor es el rendimiento para elaborar quesos y otros productos”, explica.

Este diferencial permitió aumentar la eficiencia económica del sistema y mejorar la competitividad del tambo.

Pero además abrió una nueva unidad de negocios.

A partir de la experiencia acumulada, Trionfini comenzó a producir y comercializar semen de reproductores propios, destinado tanto a productores santafesinos como a establecimientos de otras provincias.

También desarrolló una línea de producción de carne a partir de los machos nacidos en el establecimiento, generando ingresos complementarios que fortalecen el resultado económico global.

Una experiencia que despierta interés en la lechería argentina

Si bien reconoce que muchos productores aún mantienen cierta cautela frente a la incorporación de nuevas razas, Trionfini sostiene que la experiencia acumulada eliminó cualquier duda sobre el potencial del Girolando.

“Cada sistema tiene sus ventajas, pero en nuestro caso encontramos una genética que se adapta perfectamente a las condiciones productivas y climáticas de la región”, afirma.

Su experiencia ya comenzó a despertar interés en otros establecimientos que buscan mejorar la eficiencia de sistemas pastoriles y enfrentar con mayores herramientas los desafíos que plantea la producción lechera moderna.

Mientras continúa expandiendo su rodeo y desarrollando nuevas líneas de genética, el productor santafesino considera que el futuro de la lechería estará cada vez más ligado a la capacidad de combinar productividad, adaptación y sustentabilidad.

Una fórmula que, al menos en su caso, encontró en el Girolando una respuesta concreta.

Por Juan Erreca