Lo que empezó como una ocurrencia durante un asado terminó convirtiéndose en un proyecto sobre ruedas. Hernán Bonvín, Claudio Goddio y Pablo Quaino restauraron una Renault 6 en Esperanza y en noviembre emprenderán viaje hacia Brasil para cumplir un objetivo: llegar al circuito de Interlagos y ver en vivo a Franco Colapinto.
Hay viajes que nacen de una planificación minuciosa y otros que comienzan con una frase lanzada entre amigos. La historia de Hernán Bonvín, Claudio Goddio y Pablo Quaino pertenece definitivamente al segundo grupo.
Los tres son de Esperanza y se preparan para emprender una particular travesía: viajar hasta Brasil a bordo de una vieja Renault 6, restaurada por ellos mismos, para llegar al autódromo de Interlagos y presenciar en vivo una carrera de Fórmula 1 con Franco Colapinto como protagonista.
La idea apareció casi de manera casual durante un asado. Mientras compartían la jornada y miraban una competencia del piloto argentino, surgió una imagen que terminó encendiendo la chispa: un grupo de jóvenes que había realizado un extenso viaje hasta Ushuaia en un vehículo similar.
La pregunta apareció casi naturalmente: ¿por qué ellos no podían hacer algo parecido?
Una broma que empezó a tomar forma
“Yo siempre tuve la idea de hacer algo de eso. Uno de los chicos dijo: ‘Bueno, vamos a hacerlo’. Y cuando preguntamos a dónde, salió: ‘Vamos a ver la Fórmula 1 a Brasil’”, recuerdan.
Al principio, como ocurre con muchas ideas que nacen entre amigos, parecía simplemente una ocurrencia más.
Pero pocos días después, durante una ronda de mates, decidieron que había que intentarlo.
“Che, vamos a hacerlo en serio”, se dijeron.
Y a partir de ahí comenzó una aventura que los obligó a buscar un vehículo, poner manos a la obra y transformar una vieja Renault 6 en la compañera de un viaje de miles de kilómetros.
La búsqueda de la “Renoleta”
El primer problema era evidente: tenían el destino, pero no tenían auto.
Durante casi un mes, los tres amigos recorrieron distintas localidades de la zona de Esperanza en busca de una Renault 6 que pudiera convertirse en la protagonista de la travesía.
Las recorridas de los sábados, siempre con el mate como compañero, finalmente dieron resultado. La encontraron mucho más cerca de lo que imaginaban: en la propia ciudad de Esperanza.
Así comenzó la segunda etapa del proyecto.
La intención inicial era realizar una revisión general y dejar el vehículo en condiciones para afrontar el viaje. Motor, caja, rodamientos y otros componentes mecánicos estaban entre las prioridades.
Pero, como suele suceder cuando tres amigos apasionados por los autos empiezan a desarmar uno, el proyecto rápidamente tomó otra dimensión.
“Terminamos con el auto completamente desarmado”, cuentan.
La carrocería quedó prácticamente desnuda y las piezas comenzaron a acumularse alrededor del vehículo. Por momentos, el entusiasmo dio paso a la duda.
“Cuando llegamos a ese punto dije: ‘Chau, no llegamos, no la armamos más’”.
Sin embargo, el trabajo continuó. De a poco, la Renoleta empezó a recuperar su forma y el proyecto volvió a tomar impulso.
El desafío de llegar hasta Interlagos
La idea es emprender el viaje durante noviembre y completar el recorrido de ida en aproximadamente tres días.
Los protagonistas saben, de todos modos, que viajar en una Renault 6 de varias décadas de antigüedad obliga a dejar un margen importante para los imprevistos.
Por eso, el plan contempla avanzar durante el día y evitar la conducción nocturna. La intención es hacer del trayecto una parte fundamental de la aventura y no simplemente un medio para llegar al destino.
Una vez en Brasil, el grupo deberá afrontar el tramo final hasta São Paulo y posteriormente dirigirse hacia el Autódromo de Interlagos, uno de los escenarios más emblemáticos del automovilismo mundial.
El objetivo es claro: estacionar la Renoleta, entrar al circuito y ver en vivo a Colapinto.
“Si va todo según lo planeado… después puede pasar cualquier cosa”, dicen entre risas.
Carpa, cocina y ruta
La travesía tendrá además un componente de viaje tradicional. Los tres amigos no pretenden realizar el recorrido como turistas convencionales.
Llevarán carpa, elementos para cocinar y todo lo necesario para resolver buena parte de las jornadas al costado de la ruta.
“Va a ser bien de travesía. Nos llevamos carpa y elementos para cocinar al lado de la ruta. La idea es dormir al lado del auto y cocinar ahí”, explican.
El contacto con la ruta, los paisajes y las distintas localidades que atraviesen formará parte de una experiencia que comenzó mucho antes de poner primera.
Ya en Brasil, la idea es buscar un alojamiento más cómodo para descansar antes de emprender el regreso.
Mucho más que un viaje para ver Fórmula 1
El objetivo final es llegar a Interlagos para ver a Colapinto, pero el verdadero atractivo de esta historia está en todo lo que ocurrió antes.
La aventura involucró búsqueda, restauración, mecánica, planificación y muchas horas compartidas entre amigos. Una vieja Renault 6 pasó de ser un vehículo que esperaba una nueva oportunidad a convertirse en el centro de un proyecto que los llevará desde Esperanza hasta uno de los circuitos más importantes del automovilismo mundial.
Y todo nació de una charla informal.
Ahora, Hernán Bonvín, Claudio Goddio y Pablo Quaino cuentan los días para poner en marcha nuevamente la Renoleta, cargar el equipaje y tomar la ruta hacia Brasil.
Si todo sale como esperan, después de varios días de viaje llegará el momento más esperado: entrar a Interlagos, escuchar el ruido de los motores y ver pasar al piloto argentino.
Esta vez, la aventura no será frente a una pantalla. Será a miles de kilómetros de Esperanza, con una vieja Renault 6 como protagonista y tres amigos cumpliendo una idea que alguna vez comenzó, simplemente, durante un asado.




